5 ELEMENTOS DEL DESARROLLO ESPIRITUAL

5 ELEMENTOS DEL DESARROLLO ESPIRITUAL

Se empeñó en buscar al Señor. Mientras […] buscó a Dios, Dios le dio prosperidad.

Para estar en buena forma física, tienes que alimentarte bien, hacer ejercicio y dedicar algo de tiempo y esfuerzo a adquirir buenos hábitos de salud. De manera similar, si quieres desarrollarte espiritualmente —o podríamos decir, si quieres estar en buena forma espiritual— es preciso que adoptes un buen régimen espiritual.

Veamos los cinco elementos de la fórmula que proponemos para el desarrollo espiritual.

Número 1: Conectarse con Dios alimentando el espíritu.

Si queremos gozar de vitalidad en sentido espiritual, es fundamental que nos hagamos todos los días un espacio para alimentar saludablemente nuestro espíritu. Jesús explicó que la Palabra de Dios es nuestra fuente de alimento espiritual al citar este versículo del Antiguo Testamento: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».

La Biblia es esa «palabra que sale de la boca de Dios». Así como todos los días necesitamos ingerir alimentos físicos para nuestro sustento y buena salud, también debemos alimentar diariamente nuestro espíritu. Si solo dispones de unos minutos para comulgar con el Señor, no dejes de tomártelos pensando que no servirán para nada o que no tendrán ninguna trascendencia. Jesús dijo: «Las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida». No te pierdas tu dosis diaria de espíritu y de vida.

¿Con qué debes alimentar tu espíritu? Ante todo con la Biblia, la Palabra de Dios. Otra fuente de alimento para el espíritu son los textos —y también los audios y videos— devocionales y edificantes producidos por personas de fe. Los escritos inspirados de otros cristianos pueden fortalecer nuestra fe, llevarnos a entender mejor las Escrituras y ayudarnos a aplicar la Palabra de Dios a las necesidades y exigencias de la actualidad.

Número 2: Cultivar activamente la oración.

La oración es un componente clave de nuestra espiritualidad: nos sirve para comunicarnos con Dios, nuestro Creador. Podemos hablar con Él, alabarlo, rendirle culto, contarle nuestras cuitas, inquietudes y necesidades, y pedirle que nos ayude, que intervenga, que nos dé fuerzas o lo que sea que nos haga falta. Orar es pedir que se haga la voluntad de Dios. Mediante la oración escuchamos Su voz y buscamos Su orientación, aliento, consuelo e instrucciones. La oración debe ser un diálogo, una forma de cultivar y profundizar nuestra relación con Dios.

Con nuestras plegarias podemos echar toda nuestra ansiedad terrenal sobre Sus fuertes hombros. A Él le preocupa todo lo que a ti te preocupa. Como se ha dicho, lo que genera inquietud debería generar oración.

Número 3: Estar bien con Dios.

El siguiente punto de nuestra fórmula para el desarrollo y la salud espiritual es estar bien con Dios. Eso no significa que tengamos que ser perfectos. Jesús entiende nuestros defectos y nuestras flaquezas humanas, porque fue humano. Cuando dio la vida por nuestros pecados, sabía muy bien que nunca acertaríamos en todo ni lo haríamos todo bien, por mucho que nos esforzáramos. Podemos alcanzar ese maravilloso estado de paz y perdón confesándole frecuentemente nuestras faltas, errores y pecados. Cuando reconocemos humildemente nuestras faltas y acudimos corriendo a Él para que nos reciba con los brazos abiertos, hallamos paz en Su perdón.

Una limpieza frecuente propicia una vida espiritual saludable, además de infundirnos serenidad. Cuando sabemos que estamos bien con Dios, cuando no albergamos pecados no confesados, somos más dados a acudir a Él para pasar ratos de culto y oración en Su presencia y tenemos más fe en que Él nos bendecirá y cuidará.

Número 4: Seguir a Dios, Su Palabra, Su voz, Su guía.

Otro pilar fundamental del desarrollo espiritual es hacer lo que dice la Palabra de Dios. Se nos pide que cumplamos lo que Él manda a todos los cristianos y también lo que Él nos indica individualmente.

No se trata únicamente de ser cristianos a un nivel intelectual y saber mucho de espiritualidad, doctrina y teología. No se trata únicamente de ser capaces de hablar de Jesús y de lo que Él espera de Sus seguidores. También tenemos que aplicar los principios espirituales. Queremos ser ejemplos vivos, y eso se logra poniendo en práctica la Palabra en vez de limitarnos a escucharla.

Número 5: Participar en una comunidad de creyentes.

A los creyentes nos hace mucho bien juntarnos. El hecho de adorar a Dios con otros cristianos, leer Su Palabra, cantar y orar juntos y contarnos confidencias nos fortalece. Recobramos vigor, nuestra visión se aclara y quedamos mejor preparados para lo que el Señor nos pueda enviar.

Puede resultar difícil hacerse tiempo para disfrutar de ratos constructivos en compañía de otros creyentes, o encontrar un círculo cristiano en el que uno se sienta a gusto. No solo es importante para nuestra propia edificación y goce; también nos capacita para ejercer una influencia mayor en el mundo.

Para cultivar, pues, una dinámica vida espiritual, lleva a la práctica estos cinco principios fundamentales. Los resultados te entusiasmarán.

2 Pedro 3:18 Más bien, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A él sea la gloria ahora y para siempre! Amén.

Hebreos 5:12-14 En realidad, a estas alturas ya deberían ser maestros, y sin embargo necesitan que alguien vuelva a enseñarles las verdades más elementales de la palabra de Dios. Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento sólido. El que sólo se alimenta de leche es inexperto en el mensaje de justicia; es como un niño de pecho. En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual.

Hebreos 6:1 Por eso, dejando a un lado las enseñanzas elementales acerca de Cristo, avancemos hacia la madurez. No volvamos a poner los fundamentos, tales como el arrepentimiento de las obras que conducen a la muerte, la fe en Dios,