ADIÓS A UNA VIEJA AMIGA

ADIÓS A UNA VIEJA AMIGA

Mi madre —ya anciana— me llamó por teléfono para decirme que la próxima vez que fuera a su casa echara un vistazo al garaje. Mi hermano lo estaba limpiando y había encontrado algunos objetos que yo había dejado allí mucho tiempo atrás.

¿Qué cosas de mi infancia podían haber quedado arrinconadas allí? Al llegar lo averigüé: mi vieja máquina de escribir manual. Se veía tan firme como siempre, aunque un poco oxidada luego de 30 años en desuso.

Aquel artefacto me hizo revivir lindos momentos. Mis padres la compraron de segunda mano y me la dieron como premio por aprobar un importante examen cuando tenía 11 años. Aprendí a mecanografiar yo sola, y durante mi adolescencia pasé muchas horas tipeando poemas y cuentos.

Antes de resignarme a la idea de que finalmente había llegado la hora de tirar a la basura a mi vieja amiga, intenté escribir con ella. Me había olvidado de la fuerza que hay que hacer al presionar una tecla en una vetusta máquina de escribir mecánica. Además, apenas podía distinguir lo que había escrito, tal vez porque la cinta estaba vieja. ¡Uy, un error! Mi meñique derecho voló hacia la tecla de retroceso con la intención de corregirlo, pero entonces me acordé de que no había tecla para borrar hacia atrás, de que había regresado a la época de las gomas de borrar. Martillando con esfuerzo las teclas, logré escribir unas pocas palabras. Enseguida sonó una campanita para avisarme que tenía que accionar la palanca que corría la hoja hacia arriba y desplazaba el pesado carro hasta el inicio de un nuevo renglón. Había invertido bastante esfuerzo y los resultados eran magros.

¡Qué diferente es escribir en mi tableta, tan liviana y portátil que me la puedo llevar casi a cualquier parte! La saco de mi cartera con un mínimo esfuerzo, aprieto el botón de encendido y se prende al instante. Basta con pulsar suavemente las teclas virtuales para que aparezcan las primeras palabras en la pantalla. Cuando cometo un error, apretando la tecla de retroceso se borra. Al terminar, con unos pocos teclazos más los errores ortográficos se corrigen automáticamente. Un clic más y mi trabajo queda guardado. Unos cuantos más y puedo enviar copias a mis amigos en cualquier parte del mundo, sin necesidad de papel carbón, sobres ni estampillas, y las reciben casi instantáneamente.

En nuestra vida espiritual ocurre algo similar. Dios nos ofrece tecnología espiritual portátil para que la apliquemos a diario: la oración, que es muy eficaz; una relación estrecha con Él; los dones del Espíritu Santo, tales como sabiduría, conocimiento y fe. Claro que lo que hagamos con todo ello depende de nosotros. Podemos aprovechar los dones que nos ofrece u optar por bandearnos sin Su ayuda. Eso sería tan irracional como ponerme a trabajar hoy en mi vieja máquina de escribir en lugar de emplear mi tableta portátil, con lo rápida y fácil de usar que es. La tecnología espiritual de Dios puede facilitarnos la existencia. Saquémosle partido.

Job 28:28 Y dijo a los mortales: «Temer al Señor: ¡eso es sabiduría! Apartarse del mal: ¡eso es discernimiento!»

1 Pedro 3:7 De igual manera, ustedes esposos, sean comprensivos en su vida conyugal, tratando cada uno a su esposa con respeto, ya que como mujer es más delicada, y ambos son herederos del grato don de la vida. Así nada estorbará las oraciones de ustedes.

1 Corintios 2:12 Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que procede de Dios, para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido.