APOYO OPORTUNO

APOYO OPORTUNO

Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros. 2 Corintios 1:4 (NTV)

Si un ser querido emigra a un país lejano y deja de comunicarse con nosotros, lo lógico es que lo echemos de menos, que ansiemos tener noticias de que está bien y que nos duela la separación. Cuánto más si una persona emigra al otro mundo. Aun para quienes tenemos fe en una vida sobrenatural, las cosas aquí cambian irremediablemente, y eso es difícil de sobrellevar.

Si tienes un amigo o colega que ha sufrido la pérdida de un ser querido, tal vez observes que se ha retirado temporalmente de la vida social con el objeto de disponer de tiempo para recordar, juntar fotos, escribir sus memorias o rendir homenaje de alguna manera a esa persona. Sin duda alguna, las lágrimas también forman parte del proceso. Viene bien llorar. Hasta Jesús lo hacía. Todo eso son manifestaciones naturales y saludables de duelo.

Junto a los ríos […] nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos […]. Sobre los sauces […] colgamos nuestras arpas. Salmo 137:1,2

Hay un tiempo para llorar. Aunque las arpas —las canciones de fe y alegría— permanezcan transitoriamente en silencio, esperemos que no queden arrinconadas para siempre. «Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría».

¿En qué momento encuentra el doliente la fortaleza para volver a afrontar la vida, retomar el arpa y entonar de nuevo la canción de la fe y la alegría? No hay un plazo fijo para ello. Cuanto más estrecha haya sido la relación, mayor es el sufrimiento por la pérdida. Una muerte repentina puede resultar particularmente difícil de superar. La pérdida de un hijo suele considerarse como una de las más traumáticas de todas. Toma tiempo llorar una pérdida de esa magnitud.

Que Dios nos ayude a ser sensibles con quienes están sumidos en el pesar y demostrarles nuestra solidaridad obsequiándoles unas palabras de consuelo, una llamada por teléfono, una comida preparada en casa. Podemos brindarles apoyo contándoles lindos recuerdos de la persona fallecida, mandándoles una nota cuando llega un aniversario o una fecha especialmente significativa para ellos, y también prestándonos a escucharlos. Acompañemos a nuestros amigos, así como Dios nos acompaña siempre a nosotros.

Juan 11:35 (NVI) Jesús lloró.

Salmos 30:5 (NVI)
Porque sólo un instante dura su enojo, pero toda una vida su bondad.
Si por la noche hay llanto, por la mañana habrá gritos de alegría.

Hebreos 13:5 (NVI) Manténganse libres del amor al dinero, y conténtense con lo que tienen, porque Dios ha dicho:
«Nunca te dejaré; jamás te abandonaré.»