BASURA PARA UNO, OCASIÓN PARA OTRO

BASURA PARA UNO, OCASIÓN PARA OTRO

Cuando nos falta fe, nos perdemos milagros que podrían ayudarnos. Gran parte de la vida consiste en tener fe para reconocer posibilidades que tal vez a otros se les escapan. Pongamos por ejemplo las semillas de una manzana. La mayoría de las personas, después de comerse una manzana, tiran a la basura el corazón y las semillas porque no les dan ningún valor. Sin embargo, alguien con una fe tan pequeña como esas semillas podría ver en ellas un mundo de oportunidades.

Cuando los discípulos de Jesús se exasperaron porque no eran capaces de curar ciertas enfermedades, Él les planteó que su ineficacia era producto de su incredulidad: «Ustedes no tienen la fe suficiente —les explicó—. Les digo la verdad, si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a esta montaña: “Muévete de aquí hasta allá”, y la montaña se movería. Nada sería imposible».

«¡Un momento! Jesús dijo una semilla de mostaza, no de manzana».Así es. En todo caso, lo importante es que teniendo un poquito de fe podemos lograr mucho, hasta mover montañas. Además, tengamos en cuenta que eso fue antes que se inventara la dinamita para hacer estallar montañas, y antes que se fabricaran enormes camiones volquete para acarrear rocas.

Detrás de mi casa crece un viejo y venerable manzano. Para fines de agosto, la hierba a su alrededor está llena de manzanas, la mayoría con un par de gusanitos dentro, dado que no aplicamos pesticidas. La mayor parte solo sirve para abono; pero si se cortan las partes malas antes que los gusanos se acomoden demasiado y se trocea lo demás, se puede hacer un estupendo pastel de manzana.

Eso me recuerda a un queridísimo personaje que tuvo mucha fe para detectar oportunidades en cositas pequeñas. Me refiero a John Chapman, conocido afectuosamente como Juanito Manzanas. Si bien abundan las leyendas sobre ese héroe del folclor estadounidense, se conocen suficientes hechos verídicos de su vida para que merezca la pena contarla:

Vivió de 1774 a 1845. Recolectaba semillas de manzana de los desechos de los molinos para sidra, las cuales luego limpiaba y secaba para prepararlas para la siembra. Seguidamente las ponía en un morral y partía hacia regiones más occidentales en las que apenas comenzaban a establecerse asentamientos. Con las semillas hacía almácigos, que cuidaba hasta que los arbolitos tenían suficiente tamaño para venderlos o trocarlos por ropa u otros artículos.

Ese predicador descalzo que se dedicaba a plantar árboles era bienvenido entre los colonos. Lo invitaban a sus casas y se alegraban de tener noticias de los lugares donde él había estado y de escuchar sus historias. También era una suerte de biblioteca móvil, pues tenía su biblia dividida en secciones. Dejaba una parte en casa de unos colonos y más tarde la cambiaba por otra cuando volvía a pasar por allí.
Las manzanas que dan los árboles nacidos de semillas no suelen ser dulces. De ahí que las cultivadas por Juanito Manzanas se solieran procesar para hacer vinagre de manzana, utilizado como conservante. Los árboles también servían para demarcar terrenos.

Al igual que Juanito Manzanas, podemos echar mano de las ocasiones que se nos presenten. Cuando la oportunidad llame a la puerta, podemos aprovecharla y participar así de las bendiciones que Dios tiene para nosotros y para otras personas con las que nos relacionemos. Detectar una oportunidad cuando surge es apenas el primer paso. Luego vienen todos los demás pasos para hacer que esa posibilidad se concrete en hechos, del mismo modo que para Juanito Manzanas era un proceso laborioso convertir las semillas en arbolitos.

Mateo 17:20 Porque ustedes tienen tan poca fe —les respondió—. Les aseguro que si tienen fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrán decirle a esta montaña: “Trasládate de aquí para allá”, y se trasladará. Para ustedes nada será imposible.

Mateo 13:31-32 Les contó otra parábola: «El reino de los cielos es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves y anidan en sus ramas.»