CONSEJOS PARA SUPERAR EL ESTRÉS

CONSEJOS PARA SUPERAR EL ESTRÉS

Siempre he sido una persona muy activa. Desde jovencita me decían que yo era el trajín personificado.

Después del fallecimiento de mi marido comencé a sufrir de estrés. Me sentía abrumada por obstáculos de poca monta. Sabía que tenía que dar con estrategias para lidiar con las tensiones y minimizarlas.

El primer paso —y también el más difícil— fue aminorar la marcha y ajustar mi carga de trabajo a mi capacidad. Yo ansiaba seguir viviendo al mismo ritmo de siempre. No fue hasta que perdí la memoria durante un día entero después de una jornada de muchas presiones que por fin decidí seriamente reducir mi carga de trabajo y la cantidad de horas que le dedico.

En segundo lugar, ahora me preparo una lista de tareas justo después de mi sesión devocional matutina. Al terminar de desayunar me pongo a abordarlas una por una. Lo que no he logrado hacer al final del día pasa a la lista del día siguiente. Eso me ha librado de muchísima ansiedad por no saber bien lo siguiente que tenía que hacer o por el miedo a olvidarme de algo.

En tercer lugar, priorizo más mi vida espiritual. A diario leo o escucho la Biblia u otros textos inspirativos, o pongo canciones edificantes mientras ordeno, cocino o coso. También me he comprometido a reunirme con otros cristianos los fines de semana.

Cuarto, participo más seguido en actividades recreativas. Por ejemplo, voy a la playa o asisto a fiestas de cumpleaños, lo que me ayuda a hacer a un lado las preocupaciones y ver las cosas en su debida perspectiva. Cuando saco a pasear el perro al final de jornada, en vez de pensar en el trabajo doy gracias a Dios por el atardecer, por las montañas y por todos los favores que me concede. Eso también me trae alivio al alma.

Los que desde luego conocen la clave son los niños. Rara vez sufren de estrés. Siempre disfrutan del momento. No se preocupan por el futuro, pues saben que sus padres velarán por ellos. Jesús dijo que debíamos ser como niños para entrar en el reino de Dios. Por eso, aparte de las demás estrategias que empleo, procuro recordarme a mí misma todos los días que mi Padre velará por mí ahora y siempre, y que desea que disfrute del mayor don que me ha dado: la vida misma.

Filipenses 4:6 (NVI) No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.

Juan 14:27 (NVI) La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden.

Salmos 55:22 (NVI)
Encomienda al Señor tus afanes,
y él te sostendrá;
no permitirá que el justo caiga
y quede abatido para siempre.

Leave a Reply