EN BÚSQUEDA DE EBENEZER

EN BÚSQUEDA DE EBENEZER

Hacia finales del año pasado yo andaba intrigada con el nombre Ebenezer. Todo comenzó cuando lo escuché en un podcast cristiano; pero la persona que daba la charla no aclaró qué significaba. El término me quedó sonando durante días. Me preguntaba dónde lo había oído. Mis hijos se acordaron de que era el extraño nombre de pila del Sr. Scrooge en la famosa novela de Dickens Un cuento de Navidad; pero ese no era el Ebenezer que yo buscaba.

El misterioso nombre apareció otra vez cuando fui a visitar a mi hija durante las fiestas. Lo vi en letras bien grandes sobre la puerta de entrada de una nueva tienda en la plaza del pueblo. Daba la impresión de que Ebenezer estaba por todos lados; pero ¿quién era?

La respuesta me llegó mientras escuchaba otra charla motivacional. De la nada, el orador mencionó el nombre y además dio una referencia bíblica: 1 Samuel capítulo 7. Busqué enseguida el pasaje. En él el profeta Samuel coloca una piedra entre dos lugares —Mizpa y Sen— después que su pueblo ganó una gran batalla contra sus enemigos. Aquella piedra recibió el nombre de Ebenezer, que significa «piedra de la ayuda», y fue colocada allí en reconocimiento y gratitud por la asistencia que Dios les prestó. Resultó, pues, que Ebenezer no era el nombre de una persona, sino de una cosa.

Me imagino a mí misma sentada en aquella piedra grande. De un lado, el año que acaba de terminar, con todos sus obstáculos y dificultades, triunfos y alegrías. Al volver la vista atrás desde mi punto de observación, mi corazón se llena de alabanzas.

Del otro lado, el año nuevo, con sus misterios que irán develándose. Estoy ilusionada. Si hasta ahora Dios siempre me ha ayudado a salir de apuros, sin duda lo hará también en el futuro.

Este año, cada vez que se me presente un pesar o un contratiempo procuraré apoyarme en Ebenezer, la piedra de auxilio, la roca de la esperanza. He resuelto afrontar este año con la confianza de que el futuro será tan auspicioso como las promesas de Dios. En palabras de David: «Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra».

Romanos 12:12 (NVI) Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración.

Jeremías 29:11 (NVI) Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor —, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.

Romanos 15:13 (NVI) Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz a ustedes que creen en él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo.

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