EN EL ALBOR DEL AÑO

EN EL ALBOR DEL AÑO

Verdaderamente fue un hermoso amanecer. La pálida luz del alba había ido cobrando intensidad hasta devenir un espléndido fulgor dorado, que al besar las nubes creaba tonalidades rosadas y anaranjadas. Era el anuncio de la llegada del nuevo año. Pero en aquellos momentos yo no estaba para sublimes sentimientos. Mientras observaba los rayos de sol danzar sobre las sábanas del hospital donde me encontraba, mis pensamientos giraban en torno a las circunstancias por las que había ido a parar ahí.

Dos noches antes me había entrado de golpe un dolor insoportable en la parte inferior derecha del abdomen. Me llevaron a la sala de urgencias donde me practicaron una cirugía para extirparme un quiste gangrenoso que se me había reventado. Terminé hospitalizada y con un pronóstico de varios meses de recuperación.

Las primeras veinticuatro horas después de la cirugía me sentí demasiado abrumada para pensar con claridad; pero a medida que el dolor amainaba y mi aturdimiento disminuía, me invadieron toda clase de interrogantes. Estaba confundida, desanimada y asustada.

Entonces me fijé en un par de pajarillos que revoloteaban en las primeras luces del amanecer y me acordé de un versículo: «¿No se venden dos gorriones por una monedita? Sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin que lo permita el Padre. Así que no tengan miedo; ustedes valen más que muchos gorriones». Fue reconfortante recordar que mi vida está en manos de Dios y que Él siempre está deseoso de ayudarme, sostenerme y guiarme venga lo que venga. «Yo el Señor soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: “No temas, Yo te ayudo”».

Aquel año resultó ser inolvidable. Esa cirugía fue la primera de muchas batallas que tuve que librar por mi salud a lo largo de semanas y meses. Sin embargo, siempre sentí a Jesús a mi lado, reconfortándome, dándome Su gracia y Sus fuerzas, y recordándome que me amaba y que no dejaría de velar por mí. Las dificultades fueron compensadas por un sinnúmero de hermosas experiencias, bendiciones y alegrías que me dieron una apreciación más profunda de la vida y de Aquel que todo lo hace bien.

Ahora que empieza otro año, revivo aquella mañana en el hospital y me siento tranquila, pues tengo la seguridad de que Él conoce mi futuro, por muy desconocido que sea para mí. Si pongo mi mano en la Suya y clavo mis ojos en Sus promesas, bien puedo confiar en Él.

Mateo 10:29 (NVI) ¿No se venden dos gorriones por una monedita? Sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin que lo permita el Padre;

Isaías 41:13 (NVI)
Porque yo soy el Señor, tu Dios,
que sostiene tu mano derecha;
yo soy quien te dice:
“No temas, yo te ayudaré.”

Marcos 7:37 (NVI) La gente estaba sumamente asombrada, y decía: «Todo lo hace bien. Hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

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