FORJAR UN LEGADO

FORJAR UN LEGADO

¿Alguna vez te has preguntado —como yo— qué impresión causas a los demás, o lo que es más importante, si tienes algún impacto duradero en la vida de otras personas?

Dado que vivo en India —país multirreligioso en el que los cristianos constituyen apenas el 2% de la población— tengo constantemente presente el hecho de que los demás juzgarán a mi Dios según cómo yo me conduzca. Sé qué mi manera de actuar contribuye de forma importante a que se formen opiniones positivas de los cristianos en general y hasta de Jesús mismo.

Mi tía ofreció una vez un vaso de agua a una pareja de ancianos cuyo vehículo se había averiado delante de la casa de ella y que estaban esperando la llegada de la grúa. El hombre aceptó el vaso de agua con gratitud y dijo:
—Usted debe de ser cristiana.

El otro día, cuando regresaba a casa, me enojé con un motociclista que me rozó el auto. De golpe me di cuenta de que al mirar mi rostro airado también debió de ver la cruz que llevo colgada del espejo retrovisor. ¿Se llevó ese día una buena impresión de la cristiana con la que se topó? Creo que no. Enseguida me avergoncé de mi reacción.

Evidentemente, tengo aspectos en los que debo mejorar. Por eso me animó mucho el siguiente juego que hicimos un día en familia. Confeccionamos tarjetas con los nombres de cada uno y todos escribimos palabras alentadoras en las tarjetas de los demás. Luego las juntamos de modo que no hubiera forma de saber lo que había escrito cada uno.

Cuando me llegó el turno de leer lo que los demás habían dicho de mí, me sorprendió que no hubiera ninguna mención de mis atributos, habilidades y dotes a mi juicio más evidentes. En cambio, en mi tarjeta había comentarios como los siguientes:
«Tienes una fe firme en la oración».

«Me encanta el hecho de que tienes una buena relación con Dios».

«Das a Jesús prioridad en todo lo que haces».

Más tarde tomé conciencia de cuánto significan esos elogios y del valor que tienen, sobre todo viniendo de quienes mejor me conocen. A fin de cuentas, nuestra actitud y los pequeños gestos de la vida cotidiana son en muchos casos los que dejan la huella más profunda. Por ellos se nos recordará.

1 Timoteo 4:12 (NVI) Que nadie te menosprecie por ser joven. Al contrario, que los creyentes vean en ti un ejemplo a seguir en la manera de hablar, en la conducta, y en amor, fe y pureza.

Romanos 14:21 (NVI) Más vale no comer carne ni beber vino, ni hacer nada que haga caer a tu hermano.

1 Tesalonicenses 1:6 (NVI) Ustedes se hicieron imitadores nuestros y del Señor cuando, a pesar de mucho sufrimiento, recibieron el mensaje con la alegría que infunde el Espíritu Santo.

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