FUERA DE MI ZONA DE COMODIDAD

FUERA DE MI ZONA DE COMODIDAD

Hace poco tuve la incómoda sensación de que necesitaba un cambio, pero no lograba concretar qué clase de cambio. Aunque estaba intranquila, no hice mucho por resolver la cuestión.

Entonces mi hija Joanna me invitó a un programa especial de gimnasia que incluye diversos ejercicios de tonificación, elongación, concentración y meditación. En general no soy muy adepta a la gimnasia en grupo, así que al principio me resistí a probarlo. Prefería hacer ejercicio yo sola al aire libre o en casa, pedalear en la bicicleta estática o seguir un programa aeróbico personalizado.

Ella, sin embargo, no paraba de insistirme.

—Vamos, mamá. Tienes que hacer algo diferente y salir de tu zona de comodidad. Inténtalo. Te sentirás renovada.

«Dejar mi zona de comodidad… Me sentiré renovada». Esas palabras no dejaban de resonar en mis oídos. Tal vez ella tenía razón. A pesar de mi preferencia por quedarme dentro de mi zona de confort me di cuenta de que era hora de hacer algo distinto.

Cuando entré al recinto, Joanna era toda sonrisas. Me explicó el programa: —Ah, me olvidé de decirte que los ejercicios se hacen en una sala caliente para propiciar la desintoxicación. Uf, otro factor que no me gustaba. Aunque me dio mala espina, ya no había vuelta atrás.

Hoy, seis meses después de haberme decidido a empezar ese programa de gimnasia con dos clases semanales, me alegro de haber dado ese paso hacia lo desconocido. Aquella decisión que parecía de poca monta me ha abierto la puerta a nuevas ideas, nuevas amigas y una actitud distinta. Me siento mejor físicamente y más envalentonada para acometer cosas nuevas.

Es fácil caer una rutina comodona. Esta experiencia me sirvió de recordatorio sobre lo vital que es procurar seguir de cerca a Dios y hacer pausas todos los días para escuchar Su tenue voz, a fin de obtener orientación y dar los virajes que sean necesarios. No es solo mi hija, sino también Dios el que tiene cosas nuevas para mí. Me di cuenta de que me había vuelto floja, no solo en mis hábitos físicos, sino también en lo referente a recibir instrucciones de Dios.

Me alegro de haber salido de mi zona de confort. A partir de ahora trataré de reexaminar periódicamente mis hábitos diarios.

Deuteronomio 20:4 – Porque el Señor tu Dios está contigo; él peleará en favor tuyo y te dará la victoria sobre tus enemigos.”

Filipenses 4:13 – Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Juan 16:33 – Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.