HORA DE DESPEGAR

HORA DE DESPEGAR

Para descubrir nuevas tierras, primero hay que tener el valor de alejarse de la costa.
André Gide (1869–1951)

Una decisión es la chispa que enciende la acción. Mientras no se tome una decisión,
no pasa nada. Decidir es enfrentarse valientemente a los asuntos conflictivos
sabiendo que, de no hacerlo, quedarán para siempre sin resolverse.
Wilferd Peterson (1900–1995)

Señor, indícame qué hacer y qué dejar sin hacer.
Elizabeth Fry (1780–1845)

Dios siempre da lo mejor a quienes dejan que Él decida.
James Hudson Taylor (1832–1905)

Se debe ser decidido en cuanto a lo que no se quiere hacer para estar en
condiciones de actuar con vigor en lo que se debe hacer.
Mencio (c. 372–289 a. C.)

Nunca tomes una decisión permanente basada en una tormenta pasajera. Por muy
fuerte que sea hoy el oleaje, piensa: «Esto también pasará».
T. D. Jakes (n. 1957)

A quien se aventura, Dios le ayuda.
Refrán español

Durante una conferencia, un reportero le pidió al director de un banco que le revelara
el secreto de su éxito:
—Dos palabras.
—Señor, ¿cuales son?
—Decisiones acertadas.
—¿Y cómo se toman decisiones acertadas?
—Una palabra.
—¿Cuál es, señor?
—Experiencia.
—¿Y cómo se adquiere experiencia?
—Dos palabras.
—¿Cuáles son?
—Decisiones equivocadas.
Anónimo

Cuanto más nos sumergimos en el valle de las decisiones, más debemos ascender
[…] por el monte de la oración.
Peter Taylor Forsyth (1848–1921)

Somos seres humanos porque tenemos libertad para obrar dentro del marco de
nuestro destino, para deliberar, tomar decisiones y elegir entre alternativas.
Martin Luther King, Jr. (1929–1968)

Cada cual es libre de tomar sus propias decisiones morales, pero también está
obligado a rendir cuenta de ellas a Dios.
Aiden Tozer (1897–1963)

El día de ayer se esfumó. Mañana aún no ha llegado. No tenemos sino el día de hoy.
Empecemos.
Madre Teresa (1910–1997)

No pidas a Dios que dirija tus pasos si no estás dispuesto a mover los pies.
Anónimo

Concédeme, oh Señor, que sepa lo que vale la pena saber,
que ame lo que vale la pena amar,
que alabe lo que más te deleita,
que valore lo que es valioso a Tus ojos,
que deteste lo que te es ofensivo.
No permitas que juzgue según lo que veo
ni que dicte sentencia según lo que oigo;
llévame a discernir con juicio veraz entre cosas distintas,
y sobre todo a buscar y hacer lo que te place,
por medio de Jesucristo, Señor nuestro.
Tomás de Kempis (1380–1471)