MI ANSIOLÍTICO

MI ANSIOLÍTICO

El año había estado lleno de acontecimientos, plazos y logros. Yo trabajaba arduamente enseñando inglés en un colegio particular, además de dar clases en casa. Al mismo tiempo estaba estudiando para obtener un diplomado de filología rusa y el certificado Cambridge English Proficiency. Para colmo, dirigía unas reuniones cristianas en un centro universitario y un club de conversación en inglés. Tenía la agenda copada, y me encantaba.

Además de todo eso estaba preparando mi tesis. Había trabajado todo el año compilando datos, analizando información, pidiendo orientación a mis profesores, rescribiendo ciertas partes, etc. A finales de febrero pensé que el trabajo grueso estaba casi terminado y que solo me faltaba afinar algunos detalles. Me decepcioné cuando mi mentor me dijo que mi obra maestra no daba la talla y que debía rehacerla desde cero.

Hasta ese momento lo llevaba todo bastante bien, dando clases durante el día y estudiando por la noche y los fines de semana. Incluso me las arreglaba para encontrarme con mis amigos. En ese momento, sin embargo, mi pequeño mundo se desmoronó. Apenas tenía dos meses para redactar de nuevo la tesis antes de la fecha de entrega a principios de junio. En un mes y medio debía rendir mi examen de inglés. En el colegio estaría tomando exámenes finales a los alumnos en mayo, lo que de por sí implicaba más trabajo que de costumbre, pues debía terminar libros, llenar formularios, actualizar los boletines, etc. Era abrumante.

A principios de mayo me sentía angustiada, estresada, incapaz, casi deprimida. Entonces sucedió lo esperable: me enfermé. Estuve en cama una semana con bronquitis, fiebre alta y una tos muy persistente. En ese estado de descanso obligado leí la Biblia, oré y simplemente conversé con Jesús. La enseñanza más valiosa que saqué fue que no debía preocuparme ni estresarme. De nada sirve. No vale la pena.

Mientras recobraba fuerzas rescribí mi tesis y la defendí con éxito. Todos mis alumnos aprobaron sus exámenes, y terminé a tiempo los papeles del colegio. Lamentablemente no aprobé el examen de Cambridge. Eso me apenó, pero no fue el fin del mundo. Me prepararé mejor el año que viene, ojalá con menos estrés.

En retrospectiva, agradezco los días que pasé enferma, pues me recordaron que siempre debo hacerme un espacio para comunicarme con el Jefe y pedirle orientación, instrucciones y paz interior. Ese es el antidepresivo y ansiolítico que más necesito.