MI ENCUENTRO CON PHOEBE

MI ENCUENTRO CON PHOEBE

Hace meses estuve en San Antonio (Texas) visitando a una pareja de amigos, Keith y Caryn1. Estando allí me preguntaron si quería acompañarlos a ver a su amiga Phoebe (pronunciado Fibi), que por entonces tenía 22 años. A la muchacha le habían diagnosticado leucemia y estaba en tratamiento.

Mientras cenábamos con ella me dijo que dos días antes se había enterado de que el cáncer ya no estaba en remisión y que se había tornado muy agresivo. Era probable que apenas le quedaran cuatro meses de vida.

En el curso de la conversación me di cuenta de que, si bien se la veía algo asustada, estaba firme en su fe. Pero ¿en qué tenía fe? ¿En que saldría fácilmente de esa dura prueba, confiada, impertérrita? ¿En que no habría ninguna complicación, dolor ni dificultad? Yo sabía que la fe de ella no estaba fundada en esas cosas, sino en la confianza de que Dios la amaba y era dueño de la situación, en la certeza de que Él la sacaría de ese trance, bien curándola en esta vida o bien llevándosela al Cielo, donde estaría totalmente sana para siempre.

Esa fe no le había venido de un fogonazo, como una revelación, ni como la repentina erupción de un géiser, sino que era consecuencia del hecho de que toda la vida ella había sido consciente de que Jesús caminaba a su lado y velaba siempre por ella. Había aprendido a tomar difíciles decisiones en consulta con Él.

Fue increíblemente abierta y franca al hablar de su probable partida al Cielo en un futuro próximo. Expresó muy bien cómo se sentía, tanto así que me sorprendió, tomando en cuenta que hablaba de un asunto que para la mayoría de las personas es casi lo más devastador que pueden imaginar, algo que les resulta sumamente difícil afrontar. Para mí fue conmovedor conversar con alguien que tal vez en poco tiempo estaría en los brazos de Jesús, disfrutando de Su presencia. Tuve ganas de decirle: «¡Dile a Jesús que me viste, que le mando cariños!», como le diría a alguien que se dispone a emprender un viaje y va a ver a personas a las que quiero mucho.

Como descubrieron cuantos tuvieron oportunidad de estar junto a ella, irradiaba una hermosa luz que venía de su fe en Jesús. No es que no tuviera batallas, temores y preocupaciones. Verse frente a una transición tan enorme hacia lo desconocido debía de ser sobrecogedor; pero cuando Jesús nos acompaña, sabemos que nos protegerá y caminará con nosotros incluso a través del valle de sombra de muerte. Puede que una niña tenga miedo de adentrarse en lo desconocido; pero si su padre está con ella, la abraza y le asegura que todo estará bien, ella tendrá confianza para seguir adelante aunque siga teniendo miedo. Lo mismo ocurre con nosotros y Él.

Le pregunté a Phoebe: «Si terminas yéndote al Cielo en un futuro cercano, ¿tienes algún deseo particular para quienes se queden en este mundo? Si hiciéramos algo en tu honor, ¿qué te gustaría que fuera?»

Respondió: «Me gustaría que los seres humanos confiaran más los unos en los otros, que ahondaran más, que vieran más allá de lo obvio, que no se juzgaran mutuamente, que se aceptaran unos a otros como son y que procuraran antes el bienestar de los demás que el suyo propio».

En su blog2describe las reflexiones, luchas y triunfos de alguien que con valentía ha corrido la carrera y convertido en estupendas victorias y testimonios lo que para muchos serían abrumadores reveses.

Al meditar más sobre la fe de esa joven, me vinieron los siguientes pensamientos: Para la mayoría, la perspectiva de morir en un futuro inmediato puede inspirar bastante miedo. Aparte que era posible que padeciera intenso dolor, a Phoebe le costaba dejar aquí a sus amigos y seres queridos. Se preocupaba por ellos y por el sufrimiento que les estaba causando y les causaría. Y claro, no es que el Cielo sea visible todavía. Es todo por fe.

En todo lo que ha soportado, Phoebe ha manifestado gran fe y confianza en Dios. Comprende mejor y más íntimamente que la mayoría de las personas el sufrimiento, el dolor y todos los temores, dudas y luchas que a menudo acompañan tales circunstancias. Gracias a su estrecha relación con el Señor, ha transformado todas sus vicisitudes en un testimonio estupendo de confianza y amor.

Nota de la Redacción: La mañana del 20 de marzo de 2013, mientras dormía tranquilamente, Phoebe falleció. Está ahora sana y salva en los brazos de Jesús, libre de dolor y sufrimiento.

Romanos 5:3-4 (NVI) Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza.

Isaías 40:29-31 (NVI)
Él fortalece al cansado
y acrecienta las fuerzas del débil.
Aun los jóvenes se cansan, se fatigan,
y los muchachos tropiezan y caen;
pero los que confían en el
renovarán sus fuerzas;
volarán como las águilas:
correrán y no se fatigarán,
caminarán y no se cansarán.

Jeremías 29:11 (NVI) Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor —, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.