MIS HÉROES, A PESAR DE SUS DEFECTOS

MIS HÉROES, A PESAR DE SUS DEFECTOS

Algo a todas luces singular en la Biblia es el hecho de que los héroes de la fe —con la excepción de Jesús, claro está— estaban lejos de ser hombres y mujeres perfectos. Se los describe con todos sus defectos. A mí me encanta la Historia. Cuando uno lee literatura antigua, se acostumbra a que se idealice a los héroes. Si tenían rasgos negativos, estos son minimizados. No sucede lo mismo con los héroes de la Biblia. Me parece que el hecho de retratarlos realistamente otorga a la Biblia mucha más credibilidad.
Para mí es particularmente animador lo que dice sobre los discípulos más cercanos de Jesús durante Su estancia en la Tierra.

Comencemos por Pedro. Tradicionalmente se lo considera el máximo representante de los apóstoles. Sin embargo, ostenta la nada honrosa distinción de haber negado conocer a Jesús en la noche en que este más lo necesitaba. Para colmo, lo hizo tres veces seguidas. «Comenzó a maldecir, y a jurar: “No conozco a este hombre de quien habláis”». ¿Maldecir? No parece un comportamiento muy propio de un santo.

En su Evangelio, Juan se calificó a sí mismo como «el discípulo a quien amaba Jesús». Empero, Mateo registra un incidente que no deja muy bien parados a Juan y a su hermano Santiago: «Entonces se acercó [a Jesús] la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante Él y pidiéndole algo. Él le dijo: “¿Qué quieres?” Ella le dijo: “Ordena que en Tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a Tu derecha, y el otro a Tu izquierda”. Entonces Jesús respondiendo, dijo: “No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que Yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que Yo soy bautizado?” Y ellos le dijeron: “Podemos”. Él les dijo: “A la verdad, de Mi vaso beberéis, y con el bautismo con que Yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a Mi derecha y a Mi izquierda, no es Mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por Mi Padre”. Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos».

Aquella no era la primera vez que los discípulos discutían sobre quién sería el primero. «Llegaron a Cafarnaún y, una vez en casa, Jesús les preguntó: “¿Qué discutían ustedes por el camino?” Ellos callaban, porque por el camino habían venido discutiendo acerca de quién de ellos sería el más importante».

Otro caso es el de Mateo, el publicano. Los publicanos eran recaudadores de impuestos considerados unos canallas por la gran mayoría de la gente. Los romanos habían instituido el sistema de los publicanos para recaudar impuestos en los territorios conquistados. Licitaban los derechos tributarios de una región al mejor postor, el cual se comprometía a pagar anualmente al tesoro imperial el monto convenido. En la práctica los recaudadores tenían plena libertad para cobrar lo que les diera la gana y quedarse con el sobrante. Se trataba de un sistema despiadado e injusto que empobrecía aún más a los ya desvalidos. Hay indicios de que algunos de los personajes más renombrados de Roma, como Bruto y Casio —que conspiraron para asesinar a César— eran dueños de ese tipo de empresas, aunque las manejaban por intermedio de terceros, pues en principio a los romanos no les estaba permitido participar en negocios tan infames.

Mateo, pues, formaba parte de ese sucio entramado, probablemente en calidad de subcontratista. Por lo visto, hasta contaba con un sitio privilegiado en una de las puertas de la ciudad, donde podía cobrar aranceles sobre todo lo que entraba y salía. Para los judíos piadosos, tales negocios con gentiles convertían a Mateo en un sujeto ritualmente impuro. De ninguna manera se trataba de un personaje de intachable reputación dentro de la sociedad judía.

¿Y los demás discípulos? En los cuatro Evangelios apenas se menciona a Andrés, Tadeo, Felipe y Natanael —también conocido como Bartolomé—; pero sí sabemos que otro discípulo —Simón— había pertenecido a la facción de los zelotes, violentistas empeñados en expulsar a los invasores romanos y derrocar a su gobierno títere. Obviamente lo más notorio de Tomás es que dudó de la resurrección de Cristo. Y no olvidemos a María Magdalena, que se cree que fue prostituta antes que Jesús la exorcizara para expulsar de ella siete demonios y que, sin embargo, fue la primera persona a quien Jesús se apareció después de Su resurrección.
Y ¿qué hay del héroe de los Hechos de los Apóstoles? Pablo era un fariseo converso, que admitió sin rodeos que antes de su transformación «perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba».

Sin perjuicio de lo anterior, esos discípulos —seres comunes y corrientes cuya fe y lealtad a Jesús los convirtió en personas extraordinarias— son algunos de mis héroes y heroínas. Constituyen una fuente de inspiración para mí, porque fueron fieles al llamamiento divino y obraron maravillas para Dios y el prójimo a pesar de sus debilidades y falencias humanas.

Juan 21:20 (NVI) Al volverse, Pedro vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre Jesús y le había dicho: «Señor, ¿quién es el que va a traicionarte?»

Marcos 9:33-34 (NVI) Llegaron a Capernaúm. Cuando ya estaba en casa, Jesús les preguntó:
—¿Qué venían discutiendo por el camino?
Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido entre sí quién era el más importante.

Gálatas 1:13 (NVI) Ustedes ya están enterados de mi conducta cuando pertenecía al judaísmo, de la furia con que perseguía a la iglesia de Dios, tratando de destruirla.