PERDIDA EN MI CIUDAD

PERDIDA EN MI CIUDAD

Pensé que la mudanza sería apenas un cambio de ambiente,que a lo sumo exigiría
un poco de adaptación de mi parte. Al fin y al cabo, iba a regresar a mi país de
origen, y ya conocía el idioma, la gente y sus costumbres. Si había logrado
acostumbrarme al calor agobiante, la comida condimentada, los rickshaws y los
monzones de la India y Nepal, donde había pasado ocho años como cooperante,
aquel traslado en dirección contraria no tenía por qué resultarme muy complicado.
¡Vaya sorpresa con la que me topé!

Desde el momento en que aterricé en Italia y me hallé en lo que debía ser terreno
conocido, las dificultades empezaron: me sentía extraña, fuera de lugar; no estaba al
día con los cambios acaecidos en la sociedad; a lo cual se sumaron algunos
problemas de salud y preocupaciones acerca de mi futuro. Me mareaba cuando
entraba a una gran tienda, y me daba miedo viajar por las autopistas. Un amigo trató
de tranquilizarme explicándome que probablemente experimentaba un shock cultural.

Eso me ayudó a entender mi estado de confusión física y mental.

En determinado momento me encontré en un hospital, preparándome para una
delicada intervención quirúrgica. Había perdido toda confianza en la persona fuerte
que había creído ser. Tenía miedo. Afortunadamente fue en esas horas solitarias en
la cama del hospital, débil y adolorida, cuando volví a conectarme con el Cielo. Tenía
conmigo un Nuevo Testamento de bolsillo y otro libro devocional que comencé a leer
con afán, como si toda mi existencia dependiera de aquellas palabras.

Eso me revivió espiritualmente y me animó a comenzar de nuevo. Cada palabra de
mis libritos saltaba de la página y me llenaba el alma de una renovada sensación de
claridad y orientación.

Cuando me dieron de alta del hospital, el cuerpo todavía me dolía, pero mi corazón y
espíritu ya no eran los mismos.

Paulatinamente fui recobrando fuerzas, un poco más cada día, y con el tiempo se
inició otra etapa muy gratificadora de mi vida.

Cada vez que recuerdo aquel período tan penoso y debilitante, agradezco haberme
perdido por un tiempo, pues aquello reavivó mi pasión y me preparó para mi
siguiente misión.