PICNIC

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Un espléndido día de primavera, de esos en los que dan ganas de cantar, nuestra familia fue de excursión a Bodnant, famoso jardín botánico del norte de Gales. Nos pasamos horas explorando más de 30 hectáreas de jardines y terrazas, nos bañamos en cascadas de colores y fragancias caminando entre los rododendros, tulipanes y azucenas, y admiramos especímenes arbóreos que se erguían imponentes y parecían tocar el cielo azul, enmarcado a lo lejos por las montañas de Snowdonia.

Después de eso, estábamos listos para almorzar, y nos sentamos a disfrutar de unos sándwiches de queso, jamón y tomate.

Aquello bien podría haber suscitado en nosotros unas palabras de gratitud por John Montagu, británico que fue lord del Almirantazgo en el siglo xviii. Se cuenta que a veces estaba demasiado ocupado para almorzar, por lo que pedía a sus sirvientes que le trajeran un trozo de carne entre dos rebanadas de pan y comía en su escritorio. Su título protocolario era el de conde de Sandwich, y así fue cómo se inventó el sándwich.

El pan es el alimento mencionado con mayor frecuencia en la Biblia. El término hebreo lehem, que significa pan, aparece 295 veces en el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento, el vocablo griego es artos, y se usa en 98 ocasiones. La Biblia habla de panes hechos de trigo, cebada, centeno, habas, lentejas, mijo y hasta maná. Presumiblemente los cocinaban sobre piedras calientes o planchas de hierro, tal vez incluso en hornos. Se hacían panes chatos y duros, y también panes leudados.

Jesús nos enseñó a orar: «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy». Naturalmente, nos referimos a mucho más que el pan en sí: sería más preciso decir «el sustento nuestro de cada día», tanto en sentido literal como figurado. «No solo de pan» vivimos, «sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».

Dios nos nutre física, mental y espiritualmente. Su provisión tanto de lo material como de lo espiritual es otra cosa que nos inspira a cantar.

Filipenses 4:19 (NVI) Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús.

2 Corintios 12:9 (NVI) pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.» Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo.

Romanos 8:1 (NVI) Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús,