POR QUÉ SON AZULES LAS SANDÍAS

POR QUÉ SON AZULES LAS SANDÍAS

Desde que era niña, me cuesta dormirme y me despierto con mucha facilidad. En los últimos años, tras aprender varios trucos, he logrado moderar bastante el insomnio. Sin embargo, en una noche normal tardo hasta 90 minutos en quedarme dormida, y por lo general no se debe a que haya tomado café por la tarde o me haya olvidado de hacer ejercicio.

Por lo visto, mi mente es muy porfiada y se niega rotundamente a dormir, siempre. Cuando debiera apagarse por la noche, se acelera y se pone a hacer cualquier cosa, desde planificar hasta filosofar.

Cuando estoy en la cama, como sé que no voy a conseguir dejar mi mente en blanco, procuro encaminar mis pensamientos hacia temas agradables que no me vayan a estresar y que guarden la menor relación posible con la vida real. Al cabo de un rato mis preocupaciones dan paso a pensamientos semitranquilos, y estos a su vez a pensamientos entretenidos. Por fin cada noche llega el ansiado momento en que me viene a la cabeza un pensamiento completamente absurdo.

Mi diálogo interno suele desarrollarse más o menos así: «Mañana temprano debo contestar la nota de Christy… Esta no es hora de repasar todo lo que tienes pendiente… Fascinante la charla que escuché el otro día… No, eso no va a resultar. Demasiado interesante… Bueno, este fin de semana voy a salir a cenar con un amigo… y por eso son azules las sandías».En ese instante sonrío agradecida, sabiendo que enseguida estaré apaciblemente dormida.

Es uno de esos casos en que una aparente equivocación o disparate allana el terreno para algo bueno. En lo tocante a mi insomnio, lo bueno —o sea, el sueño— no llega a pesar de los pensamientos ridículos y desordenados, sino que lo incoherente presagia lo armonioso.

Eso me lleva a preguntarme si hay otros ámbitos y situaciones en que se dé algo parecido, quizás incluso sin que tenga yo conciencia de ello.

De vez en cuando escucha uno una anécdota sobre una situación extraña que tuvo un desenlace notablemente hermoso; por ejemplo, sobre alguien que conoció al amor de su vida en un aeropuerto cuando se retrasó su vuelo a causa de algún fenómeno climático. Por otra parte, hay casos menos dramáticos, más banales: hace poco perdí algo insignificante, pero buscándolo encontré otro objeto que había perdido hacía meses y que era mucho más importante para mí.

Hace tiempo que estoy convencida de que por mucho que una situación presente aspectos negativos, se puede hallar algo bueno en ella; y que pase lo que pase, Dios puede remediar las cosas o por lo menos hacer que mejoren. Pero yo tenía la idea de que el proceso para llegar a lo bueno era desagradable y complicado, y que no lo disfrutaría.

Ahora, en cambio, estoy comenzando a abrigar cierta expectación y a encontrar algo de placer al pasar por lo desagradable y complicado.Estoy aprendiendo a zambullirme en lo que puede resultar molesto,con la actitud deque quizá conduzca a algo maravilloso. No siempre es ese el desenlace, pero tengo más energía positiva y lo paso mejor si albergo esa esperanza que si me temo lo peor. Cuando procuro descubrir lo positivo, no solo después de superar lo negativo, sino también mientras lo estoy haciendo, a veces resulta que ambos elementos están íntimamente ligados, y que lo malo contribuye a que se geste lo bueno.

No es solo cuestión de alabar a Dios pase lo que pase, por muy terrible que sea la situación. Yo francamente me alegro cuando las cosas se desbaratan, porque nunca se sabe. Puede que sea uno de esos casos en que lo extravagante y lo bueno se han aliado, en que las sandías son azules.

Cada noche, cuando acude a mi mente ese pensamiento disparatado que me hace sentirme tan bien, me convenzo de que eso de que lo anormal sea la antesala de lo hermoso es más que una posibilidad teórica. A mí me ocurre prácticamente todas las noches. Y ahora hay más motivos para que eso me haga sonreír.

Romanos 6:23 (NVI) Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Hechos 2:38 (NVI) —Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados —les contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo.

Juan 5:24 (NVI) »Ciertamente les aseguro que el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida