SOLTAR AMARRAS

SOLTAR AMARRAS

Mi viejo amigo Jack vivía en una casa amplia en un barrio acomodado de bonitos
jardines. Era un sitio estupendo para vivir con su señora y sus tres hijos cuando
estos eran chicos e iban al colegio. Sucede, sin embargo, que sus hijos se casaron
hace tiempo y se fueron a vivir a otras partes.

Unos 15 años atrás el negocio de Jack quebró, y aunque lo más sensato en lo
económico y lo práctico hubiera sido que Jack y su mujer recortaran gastos, estaban
muy apegados a su casa y siempre posponían la difícil decisión de venderla. A falta
de otras alternativas y probablemente con la esperanza de que las cosas mejoraran,
terminaron quedándose en la casa. No obstante, con el paso de los años fueron
acumulando deudas, hasta que ocurrió lo inevitable y sí o sí les tocó vender. Para
entonces, desafortunadamente, el mercado inmobiliario se había hundido, y lo que
sacaron de la venta de la vivienda no les alcanzó para cubrir sus deudas.

Abstenerse de tomar una decisión es de por sí una decisión. Podría referirte un
montón de situaciones en que a mí también me costó bastante comprometerme.
Pienso que hay varios motivos por los que a veces postergamos lo más posible la
toma de una decisión.

Quizá la perspectiva de un futuro inescrutable nos deja perplejos. Al fin y al cabo, por
más que intentemos prever las consecuencias de nuestras decisiones, son muchos
los factores que escapan a nuestro control y percepción. No es posible saber lo que
sucederá.

Las aprensiones sobre el futuro no le impidieron a Abraham iniciar su travesía. Le
dijo que sí a Dios y abandonó su casa en Jarán sin saber a dónde se dirigía. Moisés
demostró una fe muy parecida al sacar de Egipto a los esclavos hebreos a través del
mar Rojo y conducirlos hasta la Tierra de Promisión. Los discípulos de Jesús dejaron
sus medios de sustento para seguirlo, una acción que requirió otro tipo de fe.

Quién sabe si Abraham presintió las dificultades que afrontaría: hambre, conflictos
familiares, batallas, etc. ¿Se imaginaba Moisés el azaroso viaje que le esperaba a
través del desierto? Todo el monte tampoco fue orégano para los discípulos de
Cristo. Sin embargo, a la postre se comprobó que todos ellos tomaron decisiones
acertadas que contribuyeron a echar los cimientos de nuestra fe.

Si bien pocos de nosotros nos hallamos en circunstancias tan dramáticas como esos
héroes bíblicos, todos tenemos que tomar decisiones, grandes y pequeñas. Que
Dios nos ayude a decidir con prudencia.