TERAPIA DE GRATITUD

TERAPIA DE GRATITUD

Aquel invierno había sido excepcionalmente largo en los Balcanes. ¡Qué ganas teníamos de que llegara la primavera! Por fin las flores engalanaron el paisaje, los árboles echaron brotes y se cubrieron de vida, y los pajarillos entonaron alabanzas porque una vez más el invierno había terminado.

Creo que todos deseamos que llegue esa época del año en que la creación de Dios se puede disfrutar en todo su esplendor. Todos menos los desafortunados que son muy propensos a la fiebre del heno. Para ellos, la primavera es una estación temida. La preocupación y la ansiedad opacan las alegres expectativas. El polen —una de las maravillas del ingenio divino y transmisor de vida— se convierte en su peor enemigo. Las largas caminatas por el bosque, los recorridos en bicicleta, los paseos por las praderas y hasta los ramos de flores en casa quedan totalmente descartados.

Hacía muchos años que yo sufría esas alergias. En primavera empezaba a estornudar, los ojos se me llenaban de una película amarilla que me nublaba la vista, y siempre me goteaba la nariz. Cuando mis hijos me traían flores silvestres, sonreía conteniendo la respiración y se las entregaba enseguida a mi esposo para que las tirara discretamente. Esa primavera, sin embargo, decidí combatir mi alergia con… terapia de gratitud.

Cada vez que empezaba a estornudar irrefrenablemente o los ojos se me llenaban de lágrimas, concentraba mis pensamientos en algo bueno que pudiera agradecerle a Dios. Un día Él me dijo que me iba a curar. A partir de ese momento, le di gracias por esa promesa cada vez que aparecían los primeros síntomas de alergia. Y así, sin más ni más, me curé. Todas mis alergias desaparecieron. Desde entonces, la primavera me resulta de lo más grata. Ahora disfruto de largos paseos en bicicleta con mi esposo, pedaleando por los campos. Hasta puedo oler las flores.

He participado de la naturaleza divina, lo que también me ha dado acceso a Su poder sanador. Encima, he adquirido el hábito de la gratitud.

2 Pedro 1:4 (NVI) Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina.

Hebreos 12:28 (NVI) Así que nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios como a él le agrada, con temor reverente,

Santiago 1:17 (NVI) Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras.

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