UN MUNDO EN SILENCIO

UN MUNDO EN SILENCIO

Al abrir la puerta de la calle me llama la atención el silencio que reina fuera. ¡Qué increíblemente callado está el mundo! Por lo general hay al menos algo de ruido y movimiento a esta hora. Hoy no. Hoy todo está quieto.

Del cielo gris, encapotado, caen unos copos de nieve, acentuando el aire de misterio. Me abrocho el abrigo y entro en ese delicado mundo de silencio.

Es la primera mañana del año. Tranquila, amplia, preñada de esperanzas y expectativas. Aunque las celebraciones duraron hasta la madrugada, ahora por lo visto soy el único que está despierto.

El paso de un año a otro fue de todo menos apacible. Al contrario, fue ruidoso y por momentos hasta ensordecedor. Pero ahora que las primeras luces matinales horadan la oscuridad todo está sosegado.

Quiero creer que también reinaba el silencio cuando Dios estaba a medio crear el mundo. Puedo imaginarme la quietud que imperaba justo antes que poblara el mundo de aves, mamíferos y finalmente los primeros seres humanos. Tal vez apenas se oía el suave murmullo de la brisa cuando agitaba las hojas de los árboles y quizás el rumor de un arroyo.

Creo que es más fácil hacer contacto con Dios en el silencio. Casi da la sensación de que uno puede tocarlo. Uno lo oye susurrar palabras de amor y sabiduría: «No te preocupes. También cuidaré de ti».

¡Qué magnífico es caminar con Él por estas calles desiertas!

De golpe un hombre tuerce la esquina. Al igual que yo, camina sin rumbo. Simplemente disfruta de la vista y escucha el mismo silencio.

Al cruzarnos nos sonreímos.

Gelukkig Nieuwjaar1 —me dice al tiempo que se le iluminan los ojos.

Asiento con la cabeza. Luego desaparece, y una vez más estoy solo con mis pensamientos; pero ahora mi corazón se regocija. ¡Qué hermoso es el mundo cuando gobiernan la quietud, las sonrisas, la amistad y la gentileza! ¡Qué bello es poder palpar a Dios en la quietud y dejar que Su Espíritu atraviese el duro caparazón de nuestros corazones egocéntricos!

El mundo se va despertando. Pasa un auto, y al acercarme a una casa oigo el televisor proferir palabras ininteligibles. Si bien se rompe la quietud, mi corazón aún conserva la serenidad que Dios me ha dado.

Jeremías 29:11 (NVI) Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor —, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.

Deuteronomio 31:6 (NVI) Sean fuertes y valientes. No teman ni se asusten ante esas naciones, pues el Señor su Dios siempre los acompañará; nunca los dejará ni los abandonará.»

Juan 16:13 (NVI) Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta sino que dirá sólo lo que oiga y les anunciará las cosas por venir.